Desarrollo

Plan de San Luis y sus repercusiones


La Revolución Mexicana inició con la proclamación del Plan de San Luis, fechado el 5 de octubre de 1910. En este plan, Madero hacía un llamado al pueblo a levantarse en armas para el 20 de noviembre, declara nulas las elecciones presidenciales de 1910 por considerarlas fraudulentas, se proclama presidente provisional, consagra el principio de sufragio efectivo, no reelección, así como también promete restituir a los campesinos las tierras que les habían sido arrebatadas por los hacendados a raíz de la cruel política agraria del porfiriato. Pronto se desató el movimiento armado, primero en Chihuahua, Durango, después en Morelos y así por toda la República para luchar contra el gobierno porfirista. Ante el avance de la revolución maderista, Porfirio Díaz intentó hacer algunas reformas a la Constitución, pero entrarían en vigor hasta que terminara su periodo presidencial (1916), también el viejo dictador tuvo que reconformar su gabinete por la renuncia de algunos de sus integrantes; evidentemente que tales acciones no contuvieron a los revolucionarios, el río caudaloso de la historia era ya incontenible y en éste, la caída de la vieja dictadura. La toma de Ciudad Juárez el 10 de mayo de 1911 por Francisco Villa y Pascual Orozco fue determinante para que el gobierno del general Díaz enviara representantes para terminar con la revolución y lograr una negociación muy favorable, no precisamente para Díaz, pero si para sus colaboradores que permanecerían en el poder. A esta negociación, pacto o tratado se le conoce como el Tratado o Acuerdo de Ciudad Juárez firmado el 21 de mayo de 1911.

Acuerdos de Ciudad Juárez y sus contradicciones (revolución no aprovechada)

Astutamente, el gobierno porfirista, al verse perdido ante la ola revolucionaria maderista, negocia su derrota para triunfar. Al relacionar y comparar los puntos del Plan de San Luis y de los Acuerdos de Ciudad Juárez, se observan en éstos grandes diferencias y contradicciones. Primero, en los Acuerdos de Ciudad Juárez se acepta la renuncia de P. Díaz y Ramón Corral como presidente y vicepresidente de la República, respectivamente; esto quiere decir que se estaban reconociendo sus cargos, mientras que en el Plan de San Luis se desconocían porque habían llegado a ellos en forma fraudulenta. Segundo, en los Acuerdos de Ciudad Juárez se acepta que la presidencia recaiga en Francisco León de la Barra, miembro del gabinete porfirista, el cual convocaría a elecciones presidenciales; tenemos aquí otra violación al Plan de San Luis porque según éste, Francisco I. Madero asumiría la presidencia provisional, sin embargo dejaba ésta en manos de los porfiristas, otro gran error de Madero. Tercero, se declaraba el licenciamiento de las fuerzas armadas, porque según estos negociadores la revolución había acabado, Díaz se retiraba del poder y ahora todo sería paz y tranquilidad, sin embargo en este tratado no se hacía ninguna mención de la restitución de las tierras que se habían prometido en el Plan de San Luis, por lo tanto los campesinos se sintieron traicionados, no depusieron las armas por la simple y sencilla razón de que no les habían entregado sus tierras.

Revolución que transa, que negocia, es revolución suicida. Así fue, una revolución triunfante fue prácticamente regalada al enemigo. Madero, que creía ciegamente en la democracia y en los hombres, pactó el triunfo revolucionario con los porfiristas prácticamente derrotados, entregó el gobierno provisional a ellos y como resultado de los Acuerdos de Ciudad Juárez se creó un gobierno mixto, se repartieron entre maderistas y porfiristas las gubernaturas de los Estados y las posiciones en el gabinete presidencial. Antes de firmar los Acuerdos de Ciudad Juárez, Venustiano carranza fijó su postura en contra de éstos, de manera clara veía venir lamentables sucesos al negociar de esa forma con el enemigo y sentenciaba: “… Revolución que transa, es revolución perdida. Las grandes reformas sociales que exige nuestra patria, sólo se llevarán a cabo por medio de victorias decisivas. Las revoluciones para triunfar de un modo definitivo necesitan ser implacables. ¿Qué ganamos con la retirada de los señores Díaz y Corral? Quedarán sus amigos en el poder; quedará el sistema corrompido que hoy combatimos.

El interinato será una prolongación viciosa, anémica y estéril de la dictadura. Al lado de esta rama podrida el elemento sano de la Revolución se contaminaría. Sobrevendrán días de luto y de miseria para la República y el pueblo nos maldecirá porque, por un humanitarismo enfermizo, habremos malogrado el fruto de tantos esfuerzos y tantos sacrificios. Lo repito: revolución que transa, se suicida.”4 Los sucesos ocurridos durante el interinato de León de La Barra y de la presidencia de Madero confirmaron este presagio.

El propósito de los Acuerdos de Ciudad Juárez, como lo dice Rosendo Bolívar Meza fue “… dar por concluida la revolución y realizar el licenciamiento de las tropas revolucionarias, es decir, desarmar a las masas campesinas y restablecer el orden jurídico burgués, sin embargo, no hacían mención sobre el problema de la tierra, ni sobre ningún otro de los puntos mencionados en el Plan de San Luis…”5. Los operadores de los Acuerdos de Ciudad Juárez creyeron que terminaba la revolución, bueno, la de ellos sí, que era eminentemente política, que buscaba sólo cambios y reacomodos en el poder, pero en el horizonte mexicano, en el campo, en las ciudades y en todas partes de la República iniciaría la revolución social, la que demandaba mejores condiciones de vida y de trabajo para obreros y campesinos; por lo tanto, era evidente que el movimiento popular, social y sobre todo agrario, seguiría su lucha, principalmente con Emiliano zapata y Francisco Villa.

El gobierno de Madero y sus dificultades.


Al llegar Francisco Ignacio Madero a la presidencia de la República a principios de noviembre de 1911, después del interinato de Francisco León de la Barra, la situación no era nada favorable para el caudillo coahuilense. Tenía enemigos por todas partes. Como resultado de los Acuerdos de Ciudad Juárez, muchos porfiristas quedaron en el gobierno interino que se encargaron de hacerle la vida imposible. Como Presidente de la República se enfrentó a una gran inestabilidad política: primero, tuvo que luchar contra un poder legislativo que le era totalmente adverso, pues era mayoritariamente porfirista; segundo, aprovechando la libertad de prensa, fue atacado por sus enemigos que lo ridiculizaban severamente; tercero, tuvo que enfrentar las rebeliones armadas de Bernardo Reyes, Pascual Orozco, Félix Díaz, y, la de Emiliano Zapata. Madero era una persona que confiaba en la gente, creía que con la democracia se resolverían todos los problemas de la sociedad. No estaba en contra de la inversión extranjera, sólo pensaba que había que regularla adecuadamente. Pensaba que a los peones había que pagarles más y darles un mejor trato, no estaba muy convencido de expropiar los latifundios y entregárselos a los campesinos. Esto último lo entendió muy bien Zapata y proclama su Plan de Ayala a menos de un mes de que madero asumiera la Presidencia de la República.

En suma, para principios de 1913, se presagiaba el fin del gobierno maderista, pues tenía en su contra tanto a revolucionarios como Zapata, como a fuerzas conservadoras que deseaban el retorno a la paz porfiriana, éstos últimos organizarían la contrarrevolución por medio del golpe de estado a partir del 9 de febrero de 1913 hasta el 19 de ese mismo mes, conocido como la “Decena Trágica”, en la que obligan a renunciar a Madero y a Pino Suárez a la presidencia y vicepresidencia de la República, respectivamente, teniendo este episodio el desenlace fatal del asesinato de ambos el 22 de febrero.

El Plan de Ayala, programa eminentemente agrario y social.

Emiliano Zapata junto con sus más cercanos colaboradores, entre ellos su hermano Eufemio y su compadre Otilio Montaño, redactaron el Plan de Ayala el 25 de noviembre de 1911, teniendo como principal justificación el incumplimiento que Madero había hecho a los campesinos de restituirles las tierras. Se consideraba a Madero traidor, por lo tanto, se desconocía su gobierno y se demandaba fundamentalmente la devolución de las tierras a los campesinos que se las habían arrebatado.

Los acuerdos de Ciudad Juárez no convencieron a los zapatistas, por lo tanto, no entregaron las armas, ellos querían la tierra, su medio fundamental de subsistencia, no entendían para nada acerca de la democracia y la democratización de la vida política del país, seguramente pensaban que con la democracia no se come y con la tierra sí, querían una solución inmediata a su problema agrario, pero Madero pensaba solucionarlo gradualmente, al no estar totalmente convencido de expropiar los latifundios que estaban en manos de poderosos terratenientes.

La Decena Trágica y sus responsables

Las fuerzas más conservadoras, recelosas y totalmente desconfiadas de un gobierno titubeante e inexperto, decidieron asestar el golpe de Estado que daría fin al gobierno democrático maderista. Los líderes golpistas fueron los militares Manuel Mondragón y Gregorio Ruiz, secundados por el civil Rodolfo Reyes que pretendía liberar a su padre Bernardo Reyes, de la cárcel de Tlatelolco. Este suceso comenzó el 9 de febrero con la liberación de Bernardo Reyes y Félix Díaz que se sumaron al movimiento contrarrevolucionario. Madero confía las tropas del gobierno al general Victoriano Huerta, pero éste retarda las acciones porque también estaba inmiscuido traidoramente, en contra de Madero. El 19 de febrero se consuma el golpe de estado al obligar a renunciar a Madero y a Pino Suárez a sus respectivos cargos.

Cabe aclarar que en este lamentable acontecimiento, resalta la participación del embajador norteamericano Henry Lane Wilson, apoyando abiertamente a los golpistas, porque según él las relaciones diplomáticas entre México y los estados Unidos se habían deteriorado, los intereses económicos estadounidenses en nuestro país habían disminuido, además envió informes alarmistas sobre la inseguridad de los estadounidenses, sus propiedades y capitales invertidos en México. En la embajada norteamericana se acordaron las acciones y todo el plan a seguir para el golpe de Estado; al respecto Rosendo Bolívar Meza expresa: “La Decena Trágica concluyó con un acuerdo entre los jefes rebeldes encabezados por Félix Díaz y el jefe del ejército federal, Victoriano Huerta, por el cual se destituyó a Madero de la presidencia, se designó a Huerta presidente provisional, se formó un nuevo gabinete y quedó Félix Díaz en libertad de acción para presentar su candidatura a la presidencia de la república en las siguientes elecciones.”6.

A este acuerdo se le conoce como el Pacto de la Embajada. Tras la renuncia de Madero, asume la presidencia provisional, de acuerdo a la Constitución, el Secretario de Relaciones Exteriores, Pedro Lascuraín, pero sólo el tiempo necesario (menos de una hora), para nombrar Secretario de Gobernación a Victoriano Huerta, renunciar a la presidencia y así abrirle paso a la presidencia de la República, por el hecho de estar vacantes la presidencia, la vicepresidencia y la Secretaría de Relaciones Exteriores. Así, manchado de sangre y de manera “legal”, Victoriano Huerta usurpa la presidencia de la República. Pero los revolucionarios se agruparían contra esta usurpación e ilegalidad y se daría inicio a la etapa constitucionalista encabezada por Venustiano Carranza, entonces Gobernador de Coahuila.

El Plan de Guadalupe. En busca de la legalidad. Reagrupación de diferentes tendencias revolucionarias.

Con la llegada a la presidencia de Victoriano Huerta de forma ilegal y manchado de sangre como consecuencia de la decena trágica, Carranza rompe relaciones con este usurpador y encabeza el Plan de Guadalupe, fechado el 26 de marzo de 1913, que a la letra dice:

Primero. Se desconoce al general Victoriano Huerta como Presidente de la República.

Segundo. Se desconoce también a los Poderes Legislativo y Judicial de la Federación.

Tercero. Se desconoce a los gobiernos de los estados que aún reconozcan a los poderes federales que forman la actual administración, treinta días después de publicado este plan.

Cuarto. Para la organización del ejército encargado de hacer cumplir nuestros propósitos, nombramos como Primer jefe del Ejército, que se denominará “Constitucionalista”, al ciudadano Venustiano carranza, gobernador del estado de Coahuila.

Quinto. Al ocupar el Ejército Constitucionalista la ciudad de México, se encargará interinamente del Poder Ejecutivo el ciudadano Venustiano Carranza, Primer Jefe del Ejército, o quien le hubiera sustituido en el mando.

Sexto. El Presidente interino de la República convocará a elecciones generales tan luego como se haya consolidado la paz, entregando el poder al ciudadano que hubiese sido electo.

Séptimo. El ciudadano que funja como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista en los estados cuyos gobiernos hubieren reconocido al de Huerta, asumirá el cargo de gobernador provisional, y convocará a elecciones locales, después de que hayan tomado posesión de sus cargos los ciudadanos que hubiesen sido electos para desempeñar los poderes de la Federación, como lo previene la base anterior.

Como se observa, en este plan no se incluyen las demandas sociales que le estaban dando la fuerza al movimiento armado, era más bien un programa de orden político, para restaurar la legalidad y el orden constitucional, no se prometía nada a las masas populares, aunque Carranza consideraba que las reformas sociales vendrían por sí solas, gradualmente, primero lo primero y esto implicaba para él, el restablecimiento del imperio de la ley, las reformas tendrán que hacerse, decía, después, pero sin prometerse en este plan.

El 24 de septiembre de 1913, Venustiano Carranza pronuncia en hermosillo, Sonora, uno de los discursos más importantes de la Revolución, en donde resalta lo siguiente: “El Plan de Guadalupe no encierra ninguna utopía, ni ninguna cosa irrealizable, ni promesas bastardas con intención de no cumplirlas; el Plan de Guadalupe es un llamado patriótico a todas las clases sin ofertas ni demandas al mejor postor; pero sepa el pueblo de México que terminada la lucha armada a que convoca el plan de Guadalupe, tendrá que principiar formidable y majestuosa la lucha social, la lucha de clases, queramos o no queramos nosotros mismos y opónganse las fuerzas que se opongan…”7 Carranza sabía muy bien la naturaleza de las revoluciones y que el río caudaloso de la historia no podía detenerse, que aunque el no quisiera, se tendrían que dar las reformas sociales y económicas que el pueblo necesitaba.

Aún cuando en el Plan de Guadalupe no se incluían, ni por asomo, las demandas sociales que demandaban los campesinos y los obreros, los grupos revolucionarios que habían apoyado a Madero, le dieron su apoyo, como el caso de Villa y Zapata; Pascual Orozco en cambio, se puso del lado de Huerta. En esta etapa llamada constitucionalista aparece Álvaro Obregón, dándole el apoyo militar y político a Carranza, comandando el Ejército del Noroeste, al que la División del Norte de Francisco Villa estaba adscrito. Pablo González, por su parte encabezaba el Ejército del Noreste, con el que Carranza coincidía más en lo político e ideológico, pero que desafortunadamente para el Primer Jefe, tenía una menor fuerza social y militar que Villa y Obregón.

Francisco Villa, con su División del Norte, encabezaba el ejército más poderoso de la revolución y su papel fue decisivo en la derrota del huertismo, pero Villa no era de las simpatías ni confianzas de Carranza, sin duda en esto influían la clase social a la que pertenecían, su ideología y cultura. En Carranza hubo un cierto temor a que el villismo lo rebasara e hizo todo lo posible por debilitarlo y entorpecerlo. Villa envía su renuncia como jefe de la División del Norte ante Carranza, éste la acepta, pero los generales villistas sostienen a su jefe, insubordinándose contra el ejército constitucionalista. Sin embargo, mediante el Pacto de Torreón, el 8 de julio de1914, se resolvieron aparentemente las diferencias entre Villa y Carranza, a esto nos dice Bolívar Meza: “…

En este pacto la división del norte reconoció a Carranza como primer jefe del ejército constitucionalista y cesó su insubordinación, y la jefatura constitucionalista reconoció a Villa como jefe de la división del norte (…). Carranza se comprometió también a convocar a una convención de jefes constitucionalistas, una vez derrotado Huerta (…) implantar un régimen democrático, procurar el bienestar de los obreros, emancipar a los campesinos y distribuir las tierras.”8

Como resultado de las victorias del ejército constitucionalista, Victoriano Huerta renuncia a la presidencia el 15 de julio de 1914, sustituyéndolo Francisco Carbajal, quien se rindió a los revolucionarios, a través de los Tratados de Teoloyucan, el 13 de agosto de 1914. Al día siguiente, el ejército al mando de Obregón, hace su entrada triunfal a la capital del país y Carranza, en atención al Plan de Guadalupe, asume la Presidencia Provisional de la República.

En cuanto a Zapata, Carranza le da un trato de bandolero y no de revolucionario. Así como con Villa, Zapata no era para nada en quién confiar. Zapata entendió que el Primer Jefe no le resolvería el problema agrario que fundamentalmente estaba demandando. Aunque Carranza argumentaba que la reforma social vendría, pero todo a su tiempo y anteponiendo la ley y el orden a ello, los zapatistas querían solución inmediata a su demanda por la tierra, por lo tanto, en agosto de 1914, dieron a conocer un manifiesto donde fijaron sus posiciones políticas, donde dan a conocer que su participación en la revolución no era para conquistar puestos políticos, sino para recuperar sus tierras; plantearon que fueran los jefes combatientes los que designaran al presidente interino y que quien asumiera el cargo aceptara los tres grandes principios del Plan de Ayala: expropiación de tierras por causa de utilidad pública, confiscación de bienes a los enemigos del pueblo y restitución de tierras a los individuos y comunidades despojadas. De no lograrse lo anterior, la lucha zapatista seguiría hasta imponerse.

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